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PSICOSOMÁTICA. Mente, emociones y materia

Durante mucho tiempo, se ha tenido una tendencia a parcializar al ser humano, es decir, separar las diferentes partes y estructuras que lo componen como si la persona no fuera un todo. Esta visión partidista del individuo rompe con la filosofía de la mayoría de las culturas ancestrales como la china, la hindú, la árabe, e incluso la europea - griega. Dentro de las separaciones que se han ido realizando hasta la actualidad, la más exagerada es el de la parte física y la parte mental – emocional. Parecía que una cosa no tenía que ver con la otra; como si la esfera psicoemocional se encontrara en la galaxia de Andrómeda mientras que el cuerpo quedaba en nuestra propia Galaxia. Nada más lejos de esto. En la actualidad, se está confirmando que la mente y las emociones juegan un papel vital, trascendente sobre el resto del organismo, sobre la parte más física de nosotros mismos. Tenemos ejemplos muy sencillos, como el de la caída de cabello ante una situación continuada de estrés, un resfriado o gripe posterior a una gran decepción o sufrimiento sentimental, unos ojos o cara congestionada después de un enfado reprimido, un episodio de náuseas y vómitos después de tener que “tragar” forzosamente una situación desagradable no deseada, etc.
Las personas tenemos que empezar a escuchar más a nuestro cuerpo. Muchos expertos consideran que las enfermedades o alteraciones de la salud tienen un origen primario en una alteración psicoemocional. Si esa situación no es asimilada y va aumentando, juntamente con otros factores, puede ocasionar una alteración física. En muchas ocasiones, cuando nuestra salud está mermada recurrimos automáticamente a remedios puramente físicos, sin prestar atención a lo que pensamos y sentimos durante esos momentos de la vida en que caemos enfermos. El cuerpo nos avisa, con ciertas alteraciones de la salud, de que algo no funciona bien en nosotros y en muchas ocasiones lo que no funciona es nuestra parte no-física. Frecuentemente las personas realizan trabajos que no les gusta, están con personas que no desean, aguantan situaciones por compromiso, en definitiva, no viven su vida como realmente querrían hacerlo. Están supeditados a un comportamiento fruto de unas costumbres, un conformismo e incluso un miedo que les impide desarrollarse como personas. Esto lógicamente desencadena con el tiempo a un estado de ansiedad, estrés, tristeza, apatía... que repercute directamente sobre nuestro cuerpo. El sistema inmunitario cae, nuestro sistema neuroendocrino se desequilibra, y muchos otros elementos de nuestra esfera física empiezan a sucumbir en un desmoronamiento en cascada. La expresión “la mente sobre la materia”, o mejor dicho “la mente y las emociones sobre la materia” resume perfectamente esta idea. Las personas solemos tener demasiado miedo, que es el gran enemigo del ser humano, que nos encadena a una cárcel de sentimientos reprimidos y de deseos insatisfechos. Tenemos demasiado miedo a vivir, y no únicamente por si sufrimos sino también por si llegamos a ser “demasiado felices”. En nuestra memoria genética tenemos arraigado demasiadas cargas culturales fruto de una historia evolutiva humana cargada de cadenas. Pero esas cadenas del pasado, y que en muchas ocasiones las arrastramos inconscientemente, nos impiden llegar a nuestras metas y sueños. Hemos de conseguir desprendernos de ellas, ser valientes.
Tal como dice Víctor Hugo “el futuro tiene muchos nombre. Para el cobarde es lo inalcanzable, para el temeroso lo desconocido, para el valiente la oportunidad”. Seamos valerosos y aprendamos a disfrutar del amor y la felicidad que la vida nos ofrece, y que muchas veces no somos capaces de ver y saborear. Nuestro equilibrio físico, mental, emocional, así como nuestra salud nos lo agradecerán.

Art. 29/373 (12-05-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido