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LA MEDITACIÓN

La meditación es una de las disciplinas más antiguas, y a su vez afines, a un gran número de culturas a lo largo de la historia. El ser humano siempre ha tenido la inquietud de la espiritualidad, y por ello, una de las vías que ha seguido es el de recogerse en una calma introversión silenciosa para equilibrar su mente y su cuerpo, así como con aquello que le rodea y forma parte.
Existen muchos tipos de meditación tanto en estático como en dinámico. Podemos enumerar el zazen del budismo zen y tibetano como formas estáticas, y el yoga o el tai chi como más dinámicas. Pero generalmente, todos los estilos de meditación tienen los mismos pilares fundamentales: tener absoluta conciencia de la posición que tiene el cuerpo (y buscar la perfección del movimiento si existe dinámica), concentración máxima en la respiración (que suele ser lenta, profunda, abdominal, rítmica y armoniosa), liberación de la mente de cualquier tipo de pensamiento (dejar la mente en vacío, o si aparecen pensamientos no centrarse en ninguno de ellos dejándolos fluir sin prestarles atención), y concentración absoluta en lo que se está realizando en ese momento (ya que ese instante es el más importante de ese momento).
La meditación tiene una amplia tradición de práctica y desarrollo en el mundo asiático, y en esa cultura ha adquirido unos niveles muy elevados de arte. Existen otros tipos de meditación menos conocidos, como el que se realiza mientras se procede a la bella ceremonia de té japonesa, el ikebana (arte floral japonés), el raku o los maravillosos jardines de piedra y arena realizados por los monjes zen. En cambio, hace relativamente poco tiempo que los occidentales han adoptado esta disciplina y sus beneficios. Y para las mentes cartesianas de nuestras latitudes siempre ha despertado mucho curiosidad, y en muchas ocasiones recelo.
En los últimos años, se han realizado interesantes estudios científicos para intentar desvelar los misterios que giran en torno a la meditación y sus efectos sobre el ser humano. La universidad de Wisconsin (EE.UU.) ha sido una de las más pioneras. Desde la década de los 90, varios monjes tibetanos de los más experimentados en el arte de la meditación se han ofrecido voluntarios para dichos estudios. Todo ello con la colaboración y apoyo del Dalai Lama. Las evidencias surgidas como resultado de dichas investigaciones son que la meditación realmente tiene un efecto sobre los seres humanos. Por un lado, tiene un efecto relajante que contribuye a disminuir la tensión arterial, el estrés y la ansiedad. Consecuencia de ello, puede ser un factor preventivo frente a ciertos dolores crónicos y enfermedades coronarias. También se ha observado que favorece la producción endógena de anticuerpos (defensas naturales). Pero lo más relevante ha sido el descubrimiento referido a la gran actividad eléctrica, concretamente el lóbulo prefrontal izquierdo del cerebro, que presentan estos monjes. Éste se encuentra muy poco activo en la mayoría de personas al contrario de la gran actividad que demuestra en los sujetos del estudio. Esta zona está relacionada con las emociones positivas, el autocontrol y el temperamento. Su estimulación y desarrollo predispone a una menor propensión a enfadarse, frustrarse, sorprenderse y sentirse impactados por ciertas circunstancias… en definitiva, tomarse la vida y vivir con más calma, equilibrio y serenidad.
Curiosamente, aunque se ha comentado que las personas que no practican la meditación no suelen tener esta zona muy activada, existen excepciones. Parece ser, que los individuos que manifiestan un carácter marcadamente positivo y que se toman la vida con más tranquilidad suelen tenerlo más desarrollado que la población media. Otro dato relevante, es el que la meditación promueve la aparición de nuevas conexiones neuronales que no existen en personas que no la realizan. Esto permite alcanzar niveles de conciencia inusualmente observados científicamente hasta la fecha. También mejora de una forma sobredimensionada la amplitud de las ondas gamma muy relacionadas con el aprendizaje y la capacidad de prestar atención. Los científicos confirman que “el cerebro, con un correcto entrenamiento, puede desarrollar funciones y conexiones neuronales nunca imaginadas hasta la fecha”.
Pero para adquirir las ventajas de la meditación no tenemos que transformarnos en monjes, ni pasar largas horas en contemplación. Lógicamente, conforme más tiempo se practique mejores resultados y mayor sensación de calma y bienestar se tendrá en cualquier situación de la vida. Lo importante es la constancia, aunque solamente se haga durante quince minutos al día. Hemos de recordar, que ciertas disciplinas como el yoga, el Tai Chi, o el Chi Kung también forma parte de las denominadas formas de meditación en movimiento. No hay mejor forma de entender que practicando, y cada cual con la vertiente que más se sienta identificado.

Art.175/373 (27-03-2005) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido