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INSTANTES SIN PENSAR … UN OASIS DE PAZ

Vivimos en un mundo de raciocinio. El ser humano ha ido trazando una trayectoria evolutiva encaminada al desarrollo de la mente y el intelecto. En el último siglo, este hecho ha provocado que alcancemos un buen nivel de desarrollo tecnológico. La ciencia, por ejemplo, ha avanzado en muchos campos de una forma espectacular. Somos capaces de enviar a personas fuera de nuestro planeta, exploramos el cosmos con sondas, supertelescopios nos ofrecen bellas imágenes e importantes datos matemáticos de otros lugares de la galaxia…los avances en la medicina está llegando a la frontera de utilizar nanotecnología para curar enfermedades, ya se trabaja sobre mapas genéticos … Se ha producido un espectacular avance en casi todas las ciencias que han hecho que la vida, en algunos aspectos, sea más cómoda y fácil en algunas y privilegiadas sociedades. Pero ha llegado un momento, en que la ciencia y el raciocinio se están convirtiendo casi en una religión, un dogma…”lo que dice la ciencia a través del trabajo intelectual, lógico y científico va a misa”. Estamos dirigiéndonos a un lugar donde todo lo que no pueda explicarse o entenderse bajo ese prisma es automáticamente desechado, criticado e incluso es objeto de burla. Y ello puede hacer que ese extremismo sea tan peligroso como en las épocas donde el ser humano sacrificaba vidas para que lloviera o saliera el sol.
Parece ser que cada vez somos seres más racionales, pero…¿puede ser que también nos hayamos deshumanizado? El ser humano está provocando una de las mayores extinciones de animales y plantas desde la época de los dinosaurios… estamos destruyendo literalmente a nuestro planeta; y recordemos que nosotros vivimos en él, y que la ciencia no ha avanzado tanto para que la totalidad de la población terrestre pueda emigrar con grandes naves espaciales a otros planetas parecidos a la Tierra, porque además no se ha encontrado ninguno y cuando se encuentre puede ser que esté a miles de años luz. Por otro lado, las personas y las relaciones entre ellas han empeorado mucho. Parece que hayamos rechazado ciertos de los aspectos que nos caracterizan como humanos, y que son precisamente los sentimientos, las emociones. Las amistades ya no son como las de antaño, el concepto de amor de pareja (en el sentido puro de su simbolismo) ha cambiado ostensiblemente y no se sabe muy bien como clasificarlo actualmente – como ciencia ficción o como leyendas de la antigüedad -, incluso el antiguo término de “humanidad” no se refleja en lo que ahora somos. Las personas actúan cada vez más como máquinas cerebrales programadas. Las depresiones y la ansiedad son demasiado comunes hoy día, el estrés, las excesivas preocupaciones materiales -sobre el trabajo, la hipoteca, las facturas …¡no puedo comprarme el último modelo de Audi!, etc. y “las comeduras de coco” que las personas suelen sufrir y/o provocarse-, los suicidios han aumentado estrepitosamente, las alteraciones psicosomáticas son cada vez más patentes, así como las enfermedades crónicas y degenerativas. ¿Qué estará ocurriendo?. Puede que un buen camino sea la de continuar evolucionando a través de la mente y el intelecto pero sin dejar atrás o sacrificar otros aspectos que nos hacen, o mejor dicho nos hacían, humanos. Un buen camino sería desconectar la mente durante unos instantes al día para aprender a relajarnos… desconectar la mente para sentir la vida, para captar sus sutilezas con algo más que el cerebro Instintivamente, esta evolución va acompañada de un cierto auge de algunas disciplinas como el yoga, el tai chi, el chi kung, la meditación, etc… que hace que precisamente “no pensemos”.
Existen ciertas culturas que pretenden combinar precisamente mente y emociones, mente y no-mente. En algunas de ellas utilizan por ejemplo los Koan del budismo Zen o los Haikus japoneses que serían un ejercicio muy interesante para nuestras intelectuales mentes. Son como poemas cortos o “frases” cargadas de mensaje y significado pero que no se pueden llegar a ellas a través del pensamiento, la reflexión o la lógica sino a través de la meditación, la respiración y manteniendo la mente sin pensar. Uno lee un koan y su simbolismo “tiene que llegar” y entenderse sin forzar a que aparezca. Es un ejercicio muy simple y muy complicado a la vez. Parar la mente de vez en cuando, captar o ver las cosas con la globalidad del ser, ese es uno de los secretos. Los antiguos tenían esta idea muy clara y se instruían en su práctica por lo que podían llegar a adquirir conocimientos muy avanzados para su momento, para su época. Las puertas del conocimiento no solo se abren frente al camino de la razón. Como dice el famoso Koan: "Golpeando las manos una contra otra se produce un sonido. Este es el sonido de las dos manos. ¿Cuál es el sonido de una sola mano?".

Art.224/373 (26-03-2006) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido