Artículos sobre Alimentación 4

HÁBITOS ALIMENTICIOS ACTUALES Y SU INFLUENCIA EN LA SALUD

Hoy en día no nos ocupamos demasiado por lo que comemos, quizás por pereza, muchas veces comemos cualquier cosa (por matar el hambre) y no nos paramos a pensar que es realmente lo que estamos comiendo y sus efectos sobre nuestro organismo.
Cuando uno lee atentamente los ingredientes que contienen los productos que consideramos primarios en nuestra alimentación, se puede dar cuenta que lo que estamos comiendo ha pasado por tantos procesos, que quizás la palabra más adecuada para definirlo no sea alimento.

Hoy en día la dieta ha variado en gran medida:
· Se ha dejado la legumbre como proteína.
· Se ha eliminado el cereal integral.
· Aumento de pesticidas y hormonas en la comida.
· Abuso de harinas y cereal lavado con ácidos.
· Frutas y verduras fuera del lugar de origen y temporada.
· Excesos en algunos alimentos
· Sedentarismo

Casi todos los conflictos que tenemos con nuestro mundo de emociones tienen un reflejo en el modo en que nos alimentamos. A través de la comida, podemos intentar reducir un malestar, controlar una emoción ó rellenar un vacío interno. La comida se puede convertir en la herramienta errónea que utilizamos para reducir la tensión ante los problemas o para intentar ocultar un sentimiento negativo como soledad, aburrimiento o ansiedad.
Vivimos nuestra vida sin detenernos a considerar cómo estamos pensando, qué estamos sintiendo y de qué manera nos estamos comportando en el “aquí y ahora”. Nuestros pensamientos e imágenes mentales viajan hacia el pasado (qué nos pasó ayer) o el futuro (qué debo hacer mañana), pero raramente se detiene en el momento presente. Por ello, no nos damos cuenta de las señales que nos envía nuestro cuerpo para avisarnos que algo anda mal.

La alternativa eficaz para poder evolucionar física, emotiva y mentalmente (además por supuesto de espiritualmente) pasa necesariamente por una alimentación natural y equilibrada.
Proponer dietas, tablas de ejercicios, respiraciones, horarios, etc., no sirve de nada si no hay comprensión. La comprensión lleva automáticamente a un cambio de actitud, y éste nos pone en el camino de encontrar lo que necesitamos y nos sienta mejor. Entender que somos la causa primera de nuestras dificultades, es el primer paso para caer en la cuenta de que tenemos el poder de cambiar nuestra situación a mejor.

¿QUÉ ES UNA ALIMENTACIÓN EQUILIBRADA?

En los tiempos que corren existe mucha información y muy confusa en cuanto a qué es exactamente una alimentación equilibrada y saludable. Esto es en cierta medida debido a que en nuestra sociedad de consumo interesa este cierto grado de confusión que los comerciantes aprovechan para realzar las particularidades de sus productos y vendérnoslos con “análisis parciales” y a veces hasta “científicos” de sus bondades. Así en la publicidad diaria encontramos yogures con calcio, con bífidus activos, alimentos con vitaminas añadidas y una gran variedad de productos “naturales” y “sanos”.
Pero no podemos perder la perspectiva de que una alimentación natural y sana no consiste únicamente en consumir alimentos naturales y supuestamente sanos, también es importante las proporciones que se consumen. Así, en un ejemplo trivial, comer manzanas es saludable, pero comerse tres kilos de manzanas diarias durante un largo periodo de tiempo deja de serlo, y esto es bastante fácil de entender. No sólo porque todo exceso es perjudicial sino también porque dejaremos de consumir otros alimentos en su lugar y nuestra dieta no tendrá la variedad necesaria.
Así que nos preguntamos ¿en qué consiste una alimentación equilibrada? En la cultura popular encontramos que esto significa más o menos: “comer de todo y variado”. Pero a mi juicio esta definición sigue siendo escasa y poco clara. Podríamos definir así: Una alimentación equilibrada es aquella que, proporciona el mejor estado de salud para cada persona. El estado de salud depende además de la constitución física, del medio en que vivimos y de cómo nos movemos en él.

No hay alimentos ni buenos ni malos, sino simplemente dietas más o menos saludables. Para que una dieta sea saludable tiene que tener los alimentos en proporciones adecuadas para que no resulte ni expansiva ni contractiva, que mantenga el equilibrio sodio-potasio y que no resulte ni acidificante ni alcalinizante, ni oxidante ni reductora.
Entonces, ¿qué debemos comer?

Para contestar a la pregunta de ¿qué debemos comer? la abordaremos desde dos aspectos diferentes:

A. Atendiendo a las características de nuestro sistema digestivo:

1. Tenemos 32 piezas dentales: 4 caninos para morder y desgarrar, 8 incisivos para cortar y trocear y 20 molares para aplastar y moler. Esto nos da una idea de que nuestra dieta debe consistir en: 5/8 cereales integrales, 2/8 hortalizas y frutas y 1/8 carnes y productos
animales.
2. La longitud de nuestros intestinos se aproxima más a la de los herbívoros que a la de los carnívoros. (Los alimentos de origen animal se pudren más rápidamente en los intestinos produciéndose sustancias potencialmente tóxicas a medida que van descomponiéndose.)
3. Nuestra saliva es ligeramente alcalina y contiene amilasas, enzimas que ayudan a digerir los hidratos de carbono complejos presentes casi exclusivamente en el mundo vegetal. Sin embargo la saliva de los carnívoros es ligeramente ácida y no contiene amilasas.

B. Atendiendo a la energía de los alimentos:
Consumiendo alimentos animales se produce un efecto de contracción en el cuerpo; nuestro nivel de azúcar en la sangre, por ejemplo, tiende a disminuir más fácilmente. Los órganos internos se contraen, se hacen más cerrados; la piel se seca con más facilidad y tendemos a sentirnos más duros y menos flexibles. En lo referente a la conducta, nos hacemos más obsesivos, testarudos, agresivos y con más preocupación por el mundo material y las circunstancias inmediatas.
Contrariamente, una dieta vegetariana actuaría suavizando nuestro cuerpo y haciendo nuestra mente más tranquila, calmada y pacífica. Una dieta compuesta por alimentos como frutas, azúcar, leche y frecuentes ensaladas crudas hacen que nuestros órganos se desarrollen débiles e inactivos, el nivel de azúcar en la sangre tiende a crecer demasiado, los tejidos y músculos pierden tono y podemos llegar a ser más propensos a infecciones. Nuestro comportamiento tenderá a ser más pasivo y tímido, seremos más desorganizados, carentes de disciplina y con mayor preocupación por los mundos espirituales, psicológicos, teóricos ó abstractos.
En términos de salud humana necesitamos un equilibrio dinámico entre los alimentos con energía más expansiva y aquellos con energía más contractiva. Así cuando consumimos alimentos con una fuerte energía contractiva, por ejemplo la carne, el cuerpo nos pide un alimento con una fuerte energía expansiva, como el azúcar o el vino. El cuerpo puede mantener este equilibrio de forma más adecuada si los alimentos consumidos tienen energías moderadas: ligeramente expansivas o contractivas.
Estamos físicamente preparados para comer de todo sin repercusiones inmediatas pero nos conviene una dieta más vegetariana que carnívora, rica en hidratos de carbono complejos y muy especialmente cereales integrales y legumbres.

BEATRIZ ARMERO JIMÉNEZ

Diplomada en Enfermería
Formación en Nutrición Macrobiótica, Medicina Tradicional China, Acupuntura
Acreditada por la Fundación de Medicina Tradicional China y Pefots - N° de registro de Practioner's Register: 11012-1593