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ALIMENTEMOS NUESTRO CEREBRO

El cerebro... este impresionante órgano que dirige la mayor parte de nuestra actividad vital, y que trabaja incansablemente durante toda nuestra existencia, es uno de los grandes olvidados de nuestro cuerpo. Solemos invertir un cierto tiempo del día en cuidar nuestra imagen, pasamos horas entrenando en el gimnasio para conseguir esa imagen mitificada de cuerpo “danone”, nos complacemos con apetitosas comidas y bebidas..., pero ¿quién invierte un mínimo tiempo a cuidar nuestro cerebro?
Con el paso de los años, nuestras actividades intelectuales van perdiendo funcionalidad y eficacia. La memoria, la concentración, los reflejos... no son elementos que se mantienen inalterables al paso del tiempo. Con los años, nos es más difícil recordar las cosas, perdemos agilidad de raciocinio y pensamiento abstracto, nuestra atención se disipa con mayor facilidad, y en casos más avanzados, aparecen enfermedades tales como el Alzheimer.
El cerebro tiene que cuidarse y ya en etapas tempranas de la vida. Según los expertos, las personas tendrían que empezar un plan de prevención a partir de los 35 o 40 años, y antes en el caso de que existan antecedentes genéticos.
Existen diferentes elementos naturales que pueden ayudar a mejorar el rendimiento de tan preciado órgano. Tenemos plantas como el Ginkgo biloba que mejora la circulación cerebral y aumenta el aporte de oxígeno, el Fo Ti que desde hace siglos se ha utilizado en china como estimulante cerebral; la fosfatidil serina y colina presentes en la lecitina de soja que actúan como protectores y nutrientes neuronales. Todos estos componentes están siendo investigados por científicos de todo el mundo. Los resultados son bastante esperanzadores, y ya se están desarrollando programas complementarios a la medicina alopática, con dichos elementos.
Otro factor importante que puede ayudar a ralentizar el deterioro del cerebro, y de sus funciones, es la de ejercitarlo como si de un músculo se tratara. La lectura, los ejercicios de memorización y de pensamiento abstracto, las actividades artísticas como la música y la pintura, el baile... son algunos ejemplos. La fosfatidil serina (FS) parece ser el nutriente natural más esperanzador. El Doctor Parris Kidd ha realizado numerosos estudios con ancianos que padecían de graves lapsus de memoría. La mejoría ha sido relativamente rápida al iniciar la ingesta de este componente de la lecitina de soja. Parece ser que la FS protege las membranas externas de las neuronas (ya que es integrante de ellas), que es la que permite recibir y conducir los impulsos que hace que pensemos o nos movamos. Sin esta FS las neuronas no podrían producir o enviar los neurotransmisores, que son los que viajan de neurona a neurona para comunicar los mensajes con la información contenida a las diferentes áreas cerebrales o del sistema nervioso periférico.
Hay que considerar también que enfermedades como el Alzheimer, que estaban relegadas a personas ancianas, actualmente están acechando a individuos relativamente jóvenes. El estilo de vida y los hábitos alimentarios son factores que influyen mucho en cualquier alteración de la salud, incluso en las enfermedades neurológicas. En numerosas ocasiones, la predisposición genética que ciertas personas tienen a desarrollar una patología puede desencadenarse con un tóxico que active el gen latente.
Por este motivo, nunca me cansaré de recordar que una de las bases para una salud óptima es la alimentación equilibrada, tanto cualitativamente como cuantitativamente. Démosle a nuestro organismo lo que necesita y de una buena calidad; y no nos olvidemos de nuestro cerebro, que también forma parte de nosotros y necesita ser cuidado y mimado.

Art. 13/373 (20-01-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido