Artículos Dominical - Salud natural (II)

Parásitos en el ser humano - Los Oligoelementos - Los metales pesados - Psicosomática. Mente, emociones y materia - El Feng Shui. El arte de vivir en un lugar sano - Aguas minerales (I) - Aguas minerales (II) - La Prevención. Una filosofía de salud - La Iridología (I) - La Iridología (II)


PARÁSITOS EN EL SER HUMANO

En el intestino del ser humano existen toda una serie de bacterias simbióticas, es decir, que conviven perfectamente con la persona sin ocasionarle ningún daño, y que además desempeñan importantes funciones para nuestra salud. Pero en muchas ocasiones, el organismo es invadido por microorganismo parasitantes, es decir, que viven a expensas de nuestro cuerpo ocasionándonos alteraciones. Ejemplos de ellos sería las cándidas, los oxiuros, los cisticercos, las solitarias, áscaris, etc. Esto se presenta con predilección en los niños, y especialmente en las zonas más rurales.
Estos parásitos suelen contagiarse a través de los huevos que en ocasiones se encuentran pegados a verduras, frutas, ciertas carnes y pescados crudos. de ahí la importancia de lavar los alimentos antes de consumirlos. En otras ocasiones se encuentran en la tierra o en los animales domésticos y los niños, especialmente, suelen tener la costumbre de tocarlo todo y luego ponerse las manos en la boca. En ciertas regiones de clima cálido, los niños de entre 1 y 10 años suelen padecer de parasitosis en un 60%. Pero en nuestras latitudes este problema también es un hecho. Según expertos de todo el mundo, casi el 80% de las alteraciones de la salud y enfermedades tienen una cierta relación con un foco de parásitos. Estos cuando se encuentran en el organismo liberan una serie de sustancias que son tóxicas y que pueden impregnar la mucosa intestinal, y luego a la circulación sanguínea y linfática, pudiendo llegar a cualquier órgano o sistema. Estas toxinas van provocando que el sistema inmunológico de la persona se vaya debilitando, y en muchas ocasiones aparecen síntomas alérgicos. Restos de parásito o huevos pueden llegar a enquistarse en la mucosa durante mucho tiempo lo que provoca una alteración de esta y de su correcto funcionamiento dando problemas como estreñimiento o retención fecal, dándose un proceso de autointoxicación. Los tóxicos que llegan a la circulación sanguínea y linfática suelen alterar a ciertos órganos tales como el hígado, páncreas, vejiga, vagina, intestino y cerebro. Hay niños que quedan infectados de pequeños y van arrastrando estos problemas durante décadas sin que nadie se dé cuenta. Cuando existe un problema de parasitosis a la vez existe un problema de debilidad de la flora intestinal buena (simbiótica), que son como los policías de la zona.
Según el Dr. Guxens los síntomas más típicos son indigestiones, flatulencias, irregularidad en las defecaciones, irritación de ano, dolores de cabeza, irritabilidad, mal aliento, cansancio; inflamación e irritación de las mucosas (aftas bucales), faringitis crónica, anginas recidivantes, otitis crónicas, asma alérgica, etc... pero esto son solo unos ejemplos ya que parece ser que si las toxinas se acumulan en ciertos lugares del cuerpo pueden influir en el desarrollo de artritis, dolores musculares, migrañas, alteraciones premenstruales, ansiedad, psoriasis, etc... El efecto más rápido de constatar es un malestar general con un cansancio físico y mental. Según los entendidos en el tema la alimentación juega un papel muy importante en la proliferación o destrucción de estos microorganismos. Los alimentos crudos mal lavados, el exceso de dulces y alimentos refinados la favorecen. El ajo, la cebolla, las pipas de calabaza, el propóleo, el aceite de oliva virgen extra, las vitaminas (A, C, E) la piña y la papaya, el chucrut (col fermentada), el miso, la levadura de cerveza viva etc. ayudan a su no proliferación y evolución. Nuestro organismo es aún un misterio, y cada día se hacen nuevos descubrimientos que nos pueden ayudar a entenderlo un poco más y a hacer mejorar nuestra salud y calidad de vida.

Art. 18/373 (24-02-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido

 


LOS OLIGOELEMENTOS

El término oligoelementos deriva de la palabra griega “oligos” que significa pocos. Suele utilizarse este término para designar a aquellos elementos químicos que se encuentran en nuestro organismo pero en cantidades muy pequeñas. Aunque su presencia en nuestro metabolismo no sea muy elevada no implica por ello que no sean importantes. Realmente estos oligoelementos son imprescindibles para la vida, para nuestra salud. Una de las personas que sentó las bases científicas sobre estos elementos fue Gabriel Bertrand, a finales del siglo pasado. Descubrió la gran importancia que tenían estos elementos como agentes enzimáticos de un gran número de reacciones metabólicas. Pero fue Jacques Ménétrier el que más investigó clínicamente en este campo, sobre sus efectos catalíticos sobre la salud humana. El tercer gran investigador que ha influido con sus estudios fue H. Picard. Los oligoelementos tienen un papel biológico vital en el correcto funcionamiento de nuestro metabolismo. Su importancia deriva en que actúan como catalizadores de las reacciones químicas, es decir hace variar la velocidad en que se realizan, y esto tiene una gran repercusión sobre la homeostasia (equilibrio) de nuestro cuerpo. Catalizan importantes reacciones de oxidorreducción. El Ph y el potencial de reducción son factores muy importantes que tienen que mantenerse en un equilibrio para que el terreno humano no se altere. Los sistemas enzimáticos sin los oligoelementos no funcionarían de una forma correcta. Se ha observado también que desempeñan numerosas funciones no – enzimáticas, pero que actualmente están en fase de estudio. Los oligoelementos se encuentran en concentraciones muy pequeñas, a razón del 0,1 %. Algunos de ellos, si estuvieran en concentraciones altas podrían llegar a ser tóxicas. Están presentes en todos los tejidos y suelen mantenerse en unos valores muy estables, ya que un desequilibrio en su concentración podría provocar graves alteraciones fisiológicas y estructurales. Las constituciones, tipologías y temperamentos humanos se pueden agrupar en diferentes grupos, los terrenos. Cada terreno humano tiene una tendencia a sufrir ciertas alteraciones de la salud. Existen 5 oligoelementos diatésicos que son reguladores de un terreno determinado
Serían la I-Manganeso (Hiperreactiva, artrítica-alérgica), la II-Manganeso – cobre (Hiporreactiva, hiposténica - artroinfecciosa), la III-Manganeso – Cobalto (Distónica, neuroartrítica), la IV-Cobre – Oro – Plata (Anérgica); y como complemento la IV- Zinc – Cobre / Zinc –Níquel –Cobalto (Síndrome de desadaptación). El resto de los oligoelementos son los secundarios, su función es la de equilibrar desequilibrios funcionales no tan específicos a una constitución. A la hora de trabajar con estos elementos tenemos que tener muy claro que su margen de actuación está dentro de la franja fisiológica, es decir lo que se conoce como la franja fisiológica de las alteraciones de la salud. Es una fase que existe entre el estado óptimo de salud y el de la enfermedad. Estos elementos son una excelente herramienta para prevenir alteraciones y tendencias, y en especial en niños. En el momento en que la persona padece una alteración fisiológica que pasa a enfermedad, con cambios estructurales celulares, los oligoelementos ya no pueden cumplir su cometido. La teoría de Bertrand, Picard y Ménétrier entraría dentro de las tendencias más puristas de lo que sería una prevención para la salud.

Art. 22/373 (24-03-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido


LOS METALES PESADOS

Existen ciertas actividades, como la industrial y minera, que provocan una emanación al medio ambiente de una serie de elementos que tienen una acción muy perjudicial sobre la salud humana, y para la mayoría de formas de vida tanto animal como vegetal. Son los denominados metales pesados como el plomo, mercurio, cadmio, aluminio, arsénico y cromo. Las aguas residuales de las fábricas, y que en muchas ocasiones no son correctamente tratadas, la emanación de los gases de industrias o de los coches de gasolina con plomo, los utensilios de cocina de aluminio, etc... son fuentes de dichos metales. Estos elementos pueden quedar suspendidos en el aire que respiramos o quedar en a tierra durante mucho tiempo. Esto es debido a que dichos metales no son biodegradables. Una vez emitidos pueden permanecer en el ambiente durante cientos de años. A través de las corrientes atmosféricas, y del agua de los ríos subterráneos o superficiales y que llegan al mar, éstos pueden viajar y depositarse en cualquier lugar del mundo. Se han encontrado concentraciones elevadas de estos elementos incluso en los hielos de Groenlandia y en el mar de la Antártida. Es muy común que las tierras de la industria agrícola tengan concentraciones elevadas de estos metales debido a las aguas que se han utilizados para regar, o a las partículas que estaban suspendidas en el aire y que se han depositado sobre ella. Esto provocará que tanto los vegetales que utilizamos directamente en nuestra alimentación, como los destinados para la alimentación de la ganadería (animales que posteriormente comemos), tengan impregnados estos elementos. Al introducirlos en nuestro organismo en el proceso de la alimentación estos tienen la propiedad de depositarse en nuestro cuerpo. De esta forma, a través de los años, nuestro metabolismo va sufriendo una acumulación de estos metales pesados en diferentes lugares. Dependiendo de dónde se sea, por su tropismo, se desarrollaran diferentes enfermedades.
Estudios muy recientes han confirmado la enorme toxicidad de estos metales pesados. Tenemos por ejemplo, el Arsénico (As) que tiene relación con bronquitis; cáncer de esófago, laringe, pulmón y vejiga. Además es un tóxico del hígado y predispone a enfermedades vasculares. El Berilio (Be) provoca irritación de las membranas mucosas y de la piel y puede influir en el cáncer de pulmón. El Cadmio (Cd) puede originar Bronquitis, enfisema, daña el riñón, puede provocar infertilidad y cáncer de próstata, alteraciones neurológicas, hipertensión y enfermedades vasculares. El Cromo (Cr) daña al riñón, al hígado, y puede influir en el cáncer de pulmón. El Mercurio (Hg) puede provocar alteraciones neurológicas e afecciones del sistema respiratorio. El Plomo (Pb) puede provocar alteraciones neurológicas (disminución del coeficiente intelectual infantil), sí como dañar el riñón, y provocar anemia. Actualmente, se está produciendo una mínima concienciación, por parte de los gobiernos, para intentar disminuir la liberación de estas sustancias tan nocivas en los países más industrializados. Pero las resoluciones que se están produciendo no son suficientes dada la gravedad del asunto.
Un problema añadido es que en este momento no se ha encontrado un remedio o método suficientemente eficaz para eliminar la acumulación orgánica de estos metales pesados. Se están produciendo numerosas investigaciones con ciertas plantas con resultados esperanzadores, pero aún están por confirmar. De todas formas, la prevención es la mejor opción para enfrentarse a este problema. La limpieza y desintoxicación periódica de nuestro organismo es un factor vital en el equilibrio de nuestra salud, y un método preventivo a las agresiones constantes que nuestro cuerpo recibe del medio externo.

Art. 25/373 (14-04-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido


PSICOSOMÁTICA
Mente, emociones y materia

Durante mucho tiempo, se ha tenido una tendencia a parcializar al ser humano, es decir, separar las diferentes partes y estructuras que lo componen como si la persona no fuera un todo. Esta visión partidista del individuo rompe con la filosofía de la mayoría de las culturas ancestrales como la china, la hindú, la árabe, e incluso la europea - griega. Dentro de las separaciones que se han ido realizando hasta la actualidad, la más exagerada es el de la parte física y la parte mental – emocional. Parecía que una cosa no tenía que ver con la otra; como si la esfera psicoemocional se encontrara en la galaxia de Andrómeda mientras que el cuerpo quedaba en nuestra propia Galaxia. Nada más lejos de esto. En la actualidad, se está confirmando que la mente y las emociones juegan un papel vital, trascendente sobre el resto del organismo, sobre la parte más física de nosotros mismos. Tenemos ejemplos muy sencillos, como el de la caída de cabello ante una situación continuada de estrés, un resfriado o gripe posterior a una gran decepción o sufrimiento sentimental, unos ojos o cara congestionada después de un enfado reprimido, un episodio de náuseas y vómitos después de tener que “tragar” forzosamente una situación desagradable no deseada, etc.
Las personas tenemos que empezar a escuchar más a nuestro cuerpo. Muchos expertos consideran que las enfermedades o alteraciones de la salud tienen un origen primario en una alteración psicoemocional. Si esa situación no es asimilada y va aumentando, juntamente con otros factores, puede ocasionar una alteración física. En muchas ocasiones, cuando nuestra salud está mermada recurrimos automáticamente a remedios puramente físicos, sin prestar atención a lo que pensamos y sentimos durante esos momentos de la vida en que caemos enfermos. El cuerpo nos avisa, con ciertas alteraciones de la salud, de que algo no funciona bien en nosotros y en muchas ocasiones lo que no funciona es nuestra parte no-física. Frecuentemente las personas realizan trabajos que no les gusta, están con personas que no desean, aguantan situaciones por compromiso, en definitiva, no viven su vida como realmente querrían hacerlo. Están supeditados a un comportamiento fruto de unas costumbres, un conformismo e incluso un miedo que les impide desarrollarse como personas. Esto lógicamente desencadena con el tiempo a un estado de ansiedad, estrés, tristeza, apatía... que repercute directamente sobre nuestro cuerpo. El sistema inmunitario cae, nuestro sistema neuroendocrino se desequilibra, y muchos otros elementos de nuestra esfera física empiezan a sucumbir en un desmoronamiento en cascada. La expresión “la mente sobre la materia”, o mejor dicho “la mente y las emociones sobre la materia” resume perfectamente esta idea. Las personas solemos tener demasiado miedo, que es el gran enemigo del ser humano, que nos encadena a una cárcel de sentimientos reprimidos y de deseos insatisfechos. Tenemos demasiado miedo a vivir, y no únicamente por si sufrimos sino también por si llegamos a ser “demasiado felices”. En nuestra memoria genética tenemos arraigado demasiadas cargas culturales fruto de una historia evolutiva humana cargada de cadenas. Pero esas cadenas del pasado, y que en muchas ocasiones las arrastramos inconscientemente, nos impiden llegar a nuestras metas y sueños. Hemos de conseguir desprendernos de ellas, ser valientes.
Tal como dice Víctor Hugo “el futuro tiene muchos nombre. Para el cobarde es lo inalcanzable, para el temeroso lo desconocido, para el valiente la oportunidad”. Seamos valerosos y aprendamos a disfrutar del amor y la felicidad que la vida nos ofrece, y que muchas veces no somos capaces de ver y saborear. Nuestro equilibrio físico, mental, emocional, así como nuestra salud nos lo agradecerán.

Art. 29/373 (12-05-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido


EL FENG SHUI
El arte de vivir en un lugar sano

A lo largo de la historia, muchas culturas se han preocupado en saber y emplazar sus poblados, templos y casas en los lugares más idóneos para habitar de una forma más saludable y armónica. Tenemos ejemplos en la civilización egipcia, la griega, la tibetana..., pero la ancestral tradición china es una de la que más se ha dado a conocer en los últimos años, y en especial en occidente. Su arte el feng shui está ganando adeptos diariamente en todo el mundo, y cada vez más arquitectos, comerciante, empresarios y familias adaptan sus casas, oficinas o edificios a las reglas de este arte. El feng shui significa literalmente “viento” y “agua”. Es una filosofía, una ciencia y un arte que vio su origen hace miles de años en oriente. Sigue las leyes universales del Yin – Yang y de los movimientos de la naturaleza según la teoría de los 5 elementos y del Ba – gua. Su simbolismo se encuentra sintetizado en dos de las obras más importante de la cultura oriental, el I Ching o libro de los Cambios, y el Tao. Durante muchos años se ha guardado y transmitido celosamente y secretamente y siempre de modo oral. Este es uno de los motivos por los que no han llegado muchos textos antiguos a la actualidad.
El feng – sui pretende conseguir una armonía total entre el lugar donde se está, el ser humano, la naturaleza que le rodea y el universo en general para poder así vivir, trabajar y desarrollarnos de una forma adecuada, equilibrada, feliz y saludable. Una de las ideas principales de este arte, y de la mayoría de las artes orientales, es que el universo – naturaleza forma un gran campo de energía y que esta energía tiene que fluir constantemente por ella misma y por los seres que en ella se encuentran, como los animales, plantas, seres humanos, etc. todos los elementos de la naturaleza están estrechamente relacionados entre sí y con el universo que los ha formado y los contiene. El equilibrio, el bienestar y la salud de estos dependen de que esta relación se mantenga y no se bloquee. Esta energía o “Qi” tiene que fluir también por las casa, oficinas, edificios, pero en muchas ocasiones debido a las formas geométricas de la estructura de las paredes, los materiales de los que se han compuesto, los adornos, o la orientación hacen que ese “Qi” no pueda circular libremente por dichos habitáculos, por lo que las personas, animales o plantas que en ellos residen sufren las consecuencias. Problemas de salud, malas relaciones personales entre miembros de una familia o empleados, mal funcionamiento de un negocio, caracteres malhumorados, coléricos, o por el contrario depresivos, pueden ser consecuencia de vivir o trabajar en un lugar que tenga mal feng shui, según los entendidos. La correcta disposición de las habitaciones según el mapa de ba – gua, la correcta utilización de los colores, espejos y de las plantas; la propicia orientación según los puntos cardinales, la utilización de materiales nobles como madera o piedra, y la eliminación de elementos agresivos (como paredes de ángulos cerrados o formas geométricas muy angostas y poco redondeadas), así como la correcta utilización de elementos armonizadores (banderas, espejos, plantas, flautas de viento, etc.) pueden constituir la diferencia entre una casa equilibrada y con buen feng shui o una desequilibrada y con mal feng shui. Existen diversidad de escuelas o tendencias, y viene a ser un sistema complicado para quien quiere dominarlo ya que requiere muchos años de estudio y experiencia, así como un gran conocimiento de la cultura china y de los textos clásicos. Pero existen obras publicadas en occidente, escritas de una forma relativamente sencilla que nos pueden enseñar las bases de dicho arte y así empezar a disfrutar de las ventajas más básicas que puede llevarnos el realizar pequeños cambios en nuestro lugar de trabajo o vivienda.

Art. 42/373 (11-08-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido


AGUAS MINERALES NATURALES (I)

En los últimos años, se ha disparado la venta y producción de aguas minerales naturales embotelladas, en contra de un menor consumo del agua potable por la disminución de su calidad. Este aumento se ha producido en toda Europa. Las aguas minerales naturales son aquellas que provienen de manantiales que brotan desde una gran profundidad, casi siempre a altas temperaturas y que se han acumulado en bóvedas rocosas que pueden estar situadas a cientos o miles de metros de profundidad. Estas aguas tienen beneficiosas propiedades para la salud. Actúan como tonificantes, digestivas, eliminan las sustancias tóxicas de la sangre, y por su contenido en minerales (que pueden llegar a tener 1000 mg por litro) tienen un efecto remineralizante actuando como un regenerador global del metabolismo. Referente a su aporte de minerales, hay que tener en cuenta una serie de factores que son muy importantes. Según los expertos, los niveles de sodio (Na) tienen que estar entre los 60 y los 170 mg/litro. Si se sobrepasan estos niveles, el exceso de iones sodio son perjudiciales para la salud favoreciendo la aparición de desequilibrios y enfermedades como la hipertensión. El calcio es otro mineral básico en nuestra salud, pero su exceso puede ser igualmente negativo pudiendo actuar como agente favorecedor en el desequilibrio del aparato renal. Por ese motivo no se aconseja que las aguas sean muy ricas en calcio, es decir calcáreas, y mantener un equilibrio con el aporte de magnesio. De los oligoelementos que podemos encontrar en las aguas tenemos el hierro, el zinc, el cromo, el sílice, el yodo, el flúor, entre otros. De éstos, hay que vigilar también los excesos donde uno de los más representativos es el flúor. El exceso puede ocasionar ciertos desequilibrios como el de ennegrecer el esmalte de los dientes. Por ese motivo hay que prestar especial atención a las aguas suministradas en las mujeres embarazadas, lactantes y en el periodo de dentición. Otro oligoelemento que puede estar presente en algunas aguas depositadas en rocas graníticas es el arsénico. Este oligoelemento es altamente tóxico y a corto plazo no crea problemas. Pero a largo plazo y si la ingesta de esa agua es constante puede llevar a degeneraciones importantes.
El silicio es un oligoelemento que suele estar presente en aguas que proceden de estratos volcánicos o graníticos. Sus propiedades son muy beneficiosas ya que ayuda a la limpieza y desintoxicación del organismo. Las aguas minerales naturales suelen sufrir procesos de manipulación humana para aumentar la rentabilidad en las ventas. Un método muy empleado es el de la gasificación. Esta puede realizarse con el mismo gas del agua original, proveniente del mismo manantial y que posteriormente se vuelve a inyectar, o con la utilización artificial de dióxido de carbono. La excesiva utilización de esta agua no es aconsejable, ya que el intestino asimila gran parte de este gas y puede provocar desequilibrios en los procesos de respiración celular.
Un desequilibrio a este nivel evoluciona hacia una mal aporte de oxígeno, y un inadecuado intercambio gaseoso de las células, con una consecuente degeneración y envejecimiento celular prematuro. Otro problema añadido, es que el uso indiscriminado de fertilizantes nitrogenados están provocando que los nitratos resultantes se filtren y lleguen a capas de aguas superficiales o profundas. Los nitratos al introducirse en nuestro organismo se transforman en nitritos, y en muchas ocasiones, a su vez se transforman en nitrosaminas, que son sustancias altamente tóxicas y cancerígenas. Se recomienda con los niveles de nitritos en el agua no sean superior a los 10 mg/l. ¿Qué hay que tener en cuenta para elegir una agua de máxima calidad y saludabilidad? .....

Art. 47/373 (15-09-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido


AGUAS MINERALES NATURALES (II)

Para poder consumir un agua de máxima calidad y saludabilidad tenemos que tener en cuenta una serie de factores, por lo que sería interesante detenernos a leer unos segundos las etiquetas. En la etiqueta tiene que indicar la denominación de “Agua de Manantial Natural”.
La procedencia de las aguas es preferente que provengan de zonas volcánicas y graníticas, y no de formaciones calcáreas. Los niveles de ciertos elementos no tendrían que superar los valores de: nitratos 10 mg/l, sulfatos 250mg/l, sodio 30 mg/l, flúor 1,5 mg/l, y calcio 50 mg/l. Son muy aconsejadas las que tienen contenido en silíceo. El contenido total de sales por litro de agua (lo que suele denominarse Residuo seco) tiene que ser el menor posible. Lo ideal sería que no tuviera más de 100 mg/l, pero como orientación tomaremos el valor de referencia de 150 mg/l. Es preferible tomar agua sin gas que aguas con gas, como bebidas habituales; y dentro de las últimas, son más sanas las que llevan gas natural a las que aportan gas añadido artificialmente. Hay que tener en cuenta que el agua potable (del grifo), y en especial el de las grandes urbes no es el más óptimo para el consumo habitual, ya que presenta ciertos inconvenientes importantes. Está manipulada químicamente, tiene una carga electrolítica considerable, es iónicamente alcalina y electrónicamente cargada a positivo, por lo que es muy oxidativa. Todo ello la capacita para modificar el equilibrio de los fluidos corporales, por lo que pueden desarrollarse alteraciones fisiológicas considerables. Cuando un agua tiene un Ph superior a 7, es decir, alcalino, y una resistividad inferior a 5000 ohmios, puede crear alteraciones importantes de la salud.
Se han realizado estudios en el norte de Pakistán, donde los hunzas del Karakorum tienen una longevidad que puede llegar fácilmente a los 120 años. Según ellos, la alimentación natural y sencilla, así como la gran pureza de sus aguas les confieren una salud entrañable. En análisis realizados se observaron que los niveles de residuo seco eran muy inferiores a los 100 mg/l, la resistividad ohmiotica era bastante superior a los 5000 ohmios, y contenía partículas de sílice en suspensión. El agua es un elemento muy valioso, una joya de la naturaleza y de la vida, y su importancia viene dada por la capacidad que tenga de eliminar impurezas y residuos tóxicos de nuestro organismo. El sílice permite forzar la expulsión de ciertos elementos que sin él, son difícilmente eliminables. Según estudios realizados por el profesor Vincent el agua ideal debería tener un Ph comprendido entre 5 y 7, ni electronización positiva ni negativa, sin presión osmótica, un rh2 comprendido entre 25 y 28; y una resistividad (ro) superior al valor de 6000. Según estos valores hay muy pocas aguas minerales naturales embotelladas que cumplan estas exigencias. La mayoría suelen tener un Ph superior a 7, y una resistividad muy inferior a 6000, en algunas incluso llega a 200. Son aguas poco fisiológicas y regeneradoras. El agua es fuente de vida y salud, forma parte de las 2 terceras partes del planeta Tierra y de nuestro organismo.
Vivimos inmersos en agua contenida en nuestro interior, y todas las reacciones bioquímicas se producen en este medio acuoso. Podemos resistir más de 40 días sin comer, pero muy pocos días sin beber. Démosle la importancia que realmente se merece, e invirtamos unos segundos en leer las etiquetas de las aguas embotelladas que compramos y busquemos máxima calidad en esta bebida tan vital para nuestra supervivencia.

Art. 48/373 (22-09-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido


LA PREVENCIÓN
Una filosofía de salud


En el mundo del siglo XXI, los individuos y la sociedad en general están luchando día a día por una mejora en su calidad de vida. Y esta calidad tiene un puntal en la salud. Los países invierten una gran cantidad de dinero en sanidad, para intentar mejorar la atención a las personas enfermas y necesitadas.
Existe un perfeccionamiento en la formación de los diferentes profesionales de este ámbito, se avanza en el campo de la tecnología médica, se desarrollan nuevos medicamentos más eficaces y menos agresivos para el organismo, y el trato humano entre profesional y paciente también tiende a mejorarse. Pero todos estos adelantos y mejoras no obtienen los beneficios que podrían llegar a tener sin un cambio de pensamiento a la hora de ver la salud. Se trata de la prevención. Como dice el dicho “más vale prevenir que curar”. Esta filosofía ha sido uno de los pilares de diversas culturas como la hindú, la china, la japonesa, e incluso la de la antigua Grecia y Roma. Históricos personalidades del mundo de la salud como Hipócrates de Cos, Qin Yue Ren, Wang Bing, Teofrasto Paracelso, Samuel Hahnemann, el Claude Barnard, e iluistres médicos y científicos de este siglo han abogado por esta filosofía. La prevención implica un trabajo de cautela sobre el equilibrio en la salud de las personas.
Antiguamente, en países de la vieja Europa y del mundo Oriental existían dos vertientes profesionales a la hora de hacer frente a este problema. Existían unos que se encargaban de mantener a la persona en un estado óptimo de salud y cuidaban de sus hábitos de vida, su alimentación, y de los pequeños desequilibrios funcionales que se producían en el organismo. Se encargaban de cuidar su cuerpo y su mente para que no se desequilibraran, ya que si esto ocurría y un desequilibrio fisiológico funcional continuaba evolucionando aparecía la enfermedad patológica. Su trabajo era prevenir. Era la vertiente salutista y su objeto de trabajo y estudio era sobre la salud, la fisiología y los desequilibrios funcionales. Un ejemplo se encuentra en la antigüedad, en ciertos acupuntores chinos. Curiosamente, estos cobraban mientras las personas estaban sanas, pero en el momento en que enfermaban dejaban de cobrar. Este ejemplo expresa perfectamente como estaba arraigado este pensamiento en su sociedad y estilo de vida. Si la prevención fallaba existía el otro grupo que se encargaba de trabajar sobre la persona ya enferma. Utilizaban técnicas para erradicar la patología ya instaurada. Era la vertiente médica, su objeto de trabajo y estudio era la enfermedad, la patología y los desequilibrios que traspasaban la barrera funcional. Esto ha ido evolucionando y de cierta forma a llegado hasta nuestros días.
Pero la filosofía preventiva ha ido desapareciendo y en parte por el hecho de que se necesita una implicación de las propias personas en su propia salud. Muchas veces los individuos no están dispuestos a realizarlo ya que es más cómodo delegar nuestra propia responsabilidad a terceras personas. Se realizan campañas nacionales de prevención por parte de médicos generalistas y especialistas como cardiólogos, neurólogos, ginecólogos, odontólogos, oftalmólogos y ópticos, así como otros profesionales; se aconseja realizar programas de prevención en deportistas, personas con ciertos trabajos de riesgo, o en ciertas etapas de la vida por parte de fisioterapeutas, psicólogos... y los resultados que se podrían obtener serían muy importantes si las personas respondieran a esta llamada. Nos pueden ofrecer muchas posibilidades pero nosotros también tenemos que poner de nuestra parte e implicarnos en nosotros mismos.
Hay que pensar que la salud es el regalo más precioso que se nos da y que debemos mantener, y que no hay que jugar con ella. No hay que tener una actitud de dejadez o incluso de pasotismo, ya que un día nos podemos dar cuenta de la importancia que tiene, pero puede que ya sea demasiado tarde. Cultivemos la prevención de nuestra propia salud.

Art. 49/373 (29-09-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido


LA IRIDOLOGÍA (I)

La iridología es un sistema que nació de forma casual. A principios del siglo XIX un joven húngaro, Ignaz von Peczely estaba jugando con un búho y en un momento dado al animal se le rompió una pata. El joven observó que automáticamente una porción del iris cambiaba de color. Al entablillarle la pata al animal, éste fue mejorando a lo largo de los días, y conforme iba sanando la mancha iba desapareciendo. Esto le despertó una gran curiosidad. El joven niño fue creciendo y sus inquietudes le llevaron a estudiar medicina a sus 36 años. En sus años de estudio, fue observando en sus pacientes las características de sus iris y esto le llevó a realizar el primer mapa iridológico, donde correspondía ciertos órganos con determinados segmentos del iris. Sus posteriores años de investigación le permitieron profundizar en el tema. Observó que ciertas drogas coloreaban determinadas zonas del iris, oscureciéndolo; y que ciertas sustancias químicas que eran introducidas en el organismo y que se acumulaban sin poder ser eliminadas producían dicho cambio de coloración. Su trabajo estaba favorecido por las características oculares de los habitantes de su país, ya que en esta región centroeuropea las personas suelen tener los ojos azules. Esto permites observar con mayor facilidad ciertos signos de relieve y hueco, y cambios de coloración. En 1880 publicó su primer tratado al respecto “Descubrimiento en el seno de la Naturaleza y el Arte de Curación”.
Unos años más tarde y paralelamente, el reverendo sueco Nils Liljequist observó que tras tomar la quinina, que le había recetado su médico, la coloración de su iris iba adquiriendo un fuerte tono rojizo. Esto le despertó también la curiosidad y fue observando a sus amigos y feligreses. Tras años de observación y estudio publico una obra “Om Oegendianosen” muy centrada en los cambios de coloración y sus características. Esto desató cierto enfrentamiento por parte de Péczely ya que creyó que había copiado sus sistemas, pero posteriormente se demostró que ambos trabajos de investigación habían sido paralelos y que los sistemas eran diferentes pero perfectamente complementarios. Posteriormente a ellos, han aparecido ilustres investigadores que han aportado importantes datos a este corpus de conocimiento y que han permitido ampliar y perfeccionar el sistema, tales como el abad Felke, el sacerdote Sebastian Kneipp (redescubridor e impulsador de las técnicas del agua como sistema para mejorar la salud; y que su evolución hasta hoy ha dado una de las ramas más conocidas, la hidroterapia), el Dr. Thiel o el actual representante Bernard Jensen.
La iridología es un sistema que nos permite observar y valorar la constitución de las personas, su terreno. Nos da indicios sobre su estado general de vitalidad, sobre los puntos flacos y fuertes que tiene su organismo. Este es el fundamento original que sigue las directrices de la corriente salutista. En las últimas décadas se ha afianzado otra tendencia más orientada a un análisis médico y que se centra más a las tendencias patológicas que puede tener la persona. Ambas formas de analizar la información que refleja el iris son complementarias. El iris sería como una pantalla en la que se proyecta el organismo. Se comunica con el organismo vía sistema nervioso, y como dicho sistema nervioso está presente en cada rincón de nuestro cuerpo, recibe información constante y precisa de las estructuras que controla y unos de los lugares donde las proyecta es en el iris.

Art. 55/373 (10-11-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido


LA IRIDOLOGÍA (II)

Existen diferentes elementos que hay que observar en un estudio iridológico. En primer lugar la calidad del iris que nos dará una información importante sobre la constitución de la persona, su vitalidad y su capacidad de reaccionar a diferentes estímulos. Esto se realiza a partir de dos parámetros, basándose en: la densidad de las fibras radiales (relacionado con el grado de vitalidad – capacidad de reacción, el grado de integridad de los tejidos, el poder de recuperación, y la tendencia a sufrir alteraciones degenerativas), y el color (relacionado con el grado de pureza de la sangre, linfa y tejidos; la presencia de toxinas, el tipo de alimentación – sana o cargada de elementos perjudiciales -). Lo normal es una textura uniforme sin fibras sueltas o abiertas, al igual que su coloración que tiene que ser limpia, pura y sin cambios de color o tonalidad en todo el iris. Esto denotaría un organismo fuerte, con buena capacidad de asimilar y fijar los nutrientes, así como de eliminar las sustancias tóxicas que sean introducidas en el organismo por cualquier medio. Dentro de una coloración básica del iris pueden existir zonas con una sobrepigmentación. Esto nos indica, generalmente, una acumulación de toxinas en la zona topográfica a la que representa. El iris está dividido en zonas, y cada zona representa un sistema, un órgano o una función. Atendiendo a los signos, y al lugar donde se presentan podemos ubicar una tendencia de ese sector a un tipo de desequilibrio. En segundo lugar, es importante conocer la clase de iris. Existen dos gamas básicas que son el azul – linfático (con las 4 subgamas: fibrilar, hidrogenoide, tejido conjuntivo débil y neurógena), y la parda – hematógena (con 3 subgamas: mieloide, tejido conjuntivo débil y tetania larvada). Existe una tercera gama, el de los iris mixtos – verdes (con 3 subgamas: verde puro, verde azulado y verde pardo) que de cierta manera tendrían características de las dos gamas principales.
El tipo de iris nos permite identificar ciertas peculiaridades muy específicas de la constitución a la que representa. El estudio iridológico se amplía con un análisis de la pupila (sí está centrada o no, sí muestra irregularidades en su forma, sí se adapta correctamente a los cambios de intensidad de la luz); análisis de la BNA (banda nerviosa autónoma) centrándose en: su distancia respecto a otros elementos del iris, su distribución, su grado de compactación, si hay roturas u otras irregularidades.
Para terminar, se busca la presencia de los 30 signos básicos de la iridología. Estos signos están divididos en dos grupos: los de relieve y los de hueco. Según la profundidad y la forma de los signos de hueco indican mayor o menor tendencia a la gravedad. Es muy importante resaltar que el estudio iridológico suele indicar una “tendencia” a tener algún desequilibrio, es decir, no suele revelar que la persona presente alguna enfermedad o alteración concreta en ese momento. El ser humano nace con unas características constitucionales, y estas características pueden evolucionar según el estilo de vida que se lleve. La mayoría de los signos que aparecen son indicativos de los puntos fuertes o débiles que tiene ese organismo, o sea, si esa persona enferma o se desequilibra algún día tiene un mayor porcentaje de posibilidades de que sea a través de esas zonas más debilitadas o sobrecargadas. Una persona puede tener un signo grave en un órgano pero no llegar a desarrollar nunca una alteración en ese sector, sí su estilo de vida conlleva una prevención a ello. Esto es muy importante ya que suele existir un concepto erróneamente difundido de la información que transmite el iris. Esto permite realizar interesantes trabajos de prevención sobre la salud. El campo de la iridología es muy amplia y hablar con profundidad de ella traspasaría con creces los límites de esta sección. Para ello, existen interesantes textos especializados a resaltando los trabajos de Bernard Jensen, y las escuelas franco-alemanas.

Art. 56/373 (17-11-2002) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido


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