Psicología clínica y de la salud

¿QUÉ ES LA PSICOLOGÍA?

La psicología es la ciencia que estudia el comportamiento y los procesos mentales de las personas.

En el ámbito aplicado, la Psicología Clínica es la rama que se encarga de estudiar y ayudar a aquellas personas que tienen inconvenientes para afrontar su vida normalmente, como consecuencia de un trastorno psicológico, un problema emocional o relacional, incluso una dificultad puntual.

La psicología clínica aplicada desde una perspectiva cognitivo-conductual se ha mostrado eficaz en multitud de trastornos psicológicos y adaptativos en las personas.
En primer término, se trabaja a nivel psico-educativo, lo cual permite una mayor comprensión del propio problema. En segundo lugar, se realiza una evaluación y un diagnóstico de las dificultades presentes que permite lograr los objetivos terapéuticos propuestos, mediante técnicas y estrategias específicas.

La vida, y las vivencias que uno tiene en ella, puede someter a las personas a situaciones conflictivas que pueden desembocar en manifestaciones como el miedo, inseguridades, ansiedad, insomnio, baja autoestima, estrés, etc...
Esto puede acarrear que la persona no viva su existencia con la suficiente calidad de vida o incluso limitarla en el ámbito personal, laboral y/o social. También puede darse el caso que somaticemos, es decir, que aparezcan manifestaciones físicas por causas psicoemocionales.
Por ello, mejorar el aspecto psicológico y emocional de uno mismo, y respecto a las circunstancias que uno vive, es vital para la armonía de la persona.

"El equilibrio psicoemocional es imprescindible para vivir una vida feliz y saludable".

 


TERAPIA PSICOLÓGICA Y ASESORAMIENTO EN ...

  • Medicina Conductual y Psicología de la Salud: terapia cognitivo-conductual aplicada a problemas médicos (dolor crónico, asma, obesidad, hipertensión, cardiopatía relacionada con el estrés, entre otras); prevención de conductas de riesgo y promoción de conductas saludables en diferentes ámbitos
  • Estrategias para aumentar la autoestima y entrenamiento en resolución de problemas, asertividad y habilidades sociales
  • Asesoramiento a padres en problemas de conducta infantil y adolescente (problemas del sueño en la infancia, enuresis, conductas desafiantes y agresivas, absentismo escolar, modificación de hábitos conductuales no deseados, hiperactividad, etc).
  • Depresión e inestabilidad emocional, duelo.
  • Dsfunciones sexuales y terapia de pareja
  • Trastornos del sueño
  • Trastornos de ansiedad: estrés, fobias (agorafobia, fobia social, fobias específicas...), trastorno obsesivo-compulsivo, estrés postraumático, etc.
  • Trastornos de la conducta alimentaria: anorexia nerviosa, bulimia, seguimiento de dietas.
  • Trastornos del control de impulsos: hábitos nerviosos, juego patológico, ira...



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LA DEPRESIÓN

El concepto Depresión es una palabra que se ha incorporado de forma habitual en nuestro vocabulario cotidiano, pero el primer aspecto a tener en cuenta es que son fenómenos psicológicos muy diferentes las fluctuaciones normales de nuestro estado de ánimo y lo que, técnicamente, llamamos Depresión Mayor. Si un día nos levantamos algo desanimados, con bajas energías o nos cuesta motivarnos para arrancar la jornada, coloquialmente solemos decir:” Hoy estoy/me siento deprimido.” Lo cierto es que nuestro estado de ánimo nunca es una línea plana ya que nuestra mente está constantemente reaccionando a todo lo que nos sucede durante el día, tanto en el plano consciente como a nivel inconsciente, respondiendo con estados emocionales diversos: tristeza, alegría, ira, frustración, esperanza, relax, euforia, etc.

Cuando hablamos técnicamente de una depresión o Depresión Mayor, hablamos de un fenómeno psicológico que se enmarca dentro de los Trastornos del Estado de Ánimo y que, según los manuales vigentes de clasificación y diagnóstico de los trastornos mentales, la depresión cuenta con dos primeras características. En primer lugar, estamos hablando de un síndrome clínico, es decir, de un conjunto de síntomas los cuales se deben presentar conjuntamente un mínimo de ellos. En segundo lugar, decimos que la depresión es un diagnóstico temporal, es decir, estos síntomas deben ser experimentados de forma estable durante al menos dos semanas seguidas. Los síntomas más típicos de un cuadro depresivo son: tristeza, apatía, desmotivación, trastornos del sueño, desesperanza (con posible ideación suicida), tendencia al aislamiento, disminución del interés por el sexo y otras actividades placenteras, entre otros. En niños y adolescentes no es la tristeza el síntoma que predomina, sino que suele ser un estado de ánimo irritable donde la persona se puede observar más furiosa y agresiva de forma habitual. También en la tercera edad puede ser más difícil diagnosticar un cuadro depresivo, ya que se pueden confundir síntomas del estado del ánimo con cambios que la persona, por desgaste biológico, puede ir sufriendo.

Las causas más frecuentes de la depresión son, de forma muy resumida, pérdidas o cambios importantes que podemos sufrir en nuestras vidas y por cuestiones genéticas y bioquímicas, es decir, una personalidad depresiva de base. El tratamiento habitual de la depresión ha consistido en farmacología y terapia psicológica. Los fármacos antidepresivos pueden ser un recurso adecuado para equilibrar la neuroquímica implicada en los estados de ánimo. El problema es que en muchísimas ocasiones se han utilizado los fármacos como primer y único recurso, con lo cual se puede contribuir a que la persona adopte una actitud pasiva ante su situación vital y se cronifique su estado depresivo. En definitiva, es una terapia psicológica centrada en la situación actual (terapia cognitivo-conductual y terapias breves) la que ayudará a que la persona movilice sus recursos a nivel psicológico y emocional y reorganice y/o recupere unos hábitos cotidianos que le permitan adaptarse al día a día de forma normalizada.

Vicent Ribas Marí
Psicólogo. Máster en psicología clinica y de la salud. Máster en neurociencias

LA ANSIEDAD

La ansiedad es una emoción normal que cumple una función adaptativa ante peligros reales. Es una especie de mecanismo biológico de seguridad que tenemos incorporado y que contribuye a la supervivencia de los seres humanos –y de todas las especies animales–, provocando reacciones (síntomas) en diferentes ámbitos: fisiológico, conductual, cognitivo y emocional, es decir, síntomas en nuestro cuerpo, cambios en nuestras conductas y hábitos, y percepción de peligro, preocupación, tendencia obsesiva y miedo, entre otras emociones negativas.

Los problemas surgen por el hecho de que estas reacciones instintivas no siempre se adecúan al estilo de vida que hemos adoptado en el mundo occidental, saturado de tecnología y confort. Nuestro “sistema de alarma” pasa a ser un mecanismo disperso e ineficaz, avisándonos constantemente de peligros que en realidad no existen o ante los cuales no se puede ejecutar una acción directa para repelerlos.
Así pues, podemos hablar de una ansiedad sana para hacer referencia a miedos que nos preservan y que contribuyen a la resolución de conflictos, y de una ansiedad patológica, basada en reacciones psicológicas y emocionales que nos interfieren en el día a día o llegan a configurar un trastorno psicológico: estrés, fobias (específicas, fobia social, agorafobia), obsesiones, manías, hipocondría o ansiedad generalizada.

Un tratamiento psicológico que utiliza la metodología cognitivo-conductual y de terapia breve estratégica puede resolver estos trastornos aplicando técnicas para “reajustar” este mecanismo fisiológico-conductual-cognitivo, como por ejemplo: técnicas de relajación, técnicas conductuales, técnicas de afrontamiento a situaciones conflictivas o técnicas cognitivas para la gestión de los pensamientos que alimentan el miedo, la inseguridad y las creencias de incapacidad de la persona. En definitiva, para que el individuo se adapte nuevamente a su entorno y a su situación vital.

Vicent Ribas Marí
Psicólogo. Máster en psicología clinica y de la salud. Máster en neurociencias

TERAPIA DE PAREJA

La gran mayoría de dificultades que tenemos los seres humanos en la sociedad occidental se ubican en el ámbito relacional. En una relación de pareja, por el hecho de ser un ámbito muy importante en nuestras vidas, es donde se vuelcan muchas expectativas que pueden verse frustradas: queremos que nuestra relación nos aporte estabilidad, nos haga felices, nos permita desarrollarnos como personas mediante un proyecto de vida en común, pero también deseamos que no se entrometa en nuestras prioridades particulares y que respete nuestra individualidad, tan abonada en nuestro estilo de vida actual. Todo esto puede crear un conflicto de intereses que promueva tensiones y genere desgaste en la convivencia.

Cuando se tiene la sensación de que hemos tocado fondo es cuando se debería acudir a un terapeuta de pareja para analizar la situación de forma objetiva y procurar resolver la situación. Una de las mayores y más habituales dificultades terapéuticas es el hecho de que las personas acudan ya a consulta en una situación muy desgastada a nivel relacional. También puede ser adecuado consultar con un profesional cuando hay una situación de malestar y apatía mantenida en el tiempo aunque aparentemente no se manifiesten conflictos ni discusiones en la pareja. El proceso terapéutico valorará las dificultades presentes y las expectativas de éxito a nivel relacional. En ocasiones se puede concluir que lo mejor para esas dos personas sea que la relación termine, al observarse un desgaste muy intenso y/o unas expectativas vitales muy diferentes que pueden haber diluido el proyecto de vida en común.

En muchos casos, a pesar de la percepción de un gran desgaste por parte de los miembros de la pareja, se observan problemas que a nivel técnico son relativamente sencillos de abordar y solucionar. En primer lugar, se informa a las personas de que una terapia de pareja implica trabajar con tres entidades diferenciadas: las dos personas y la propia relación de pareja como entidad en si misma. Esto quiere decir que los conflictos observados pueden ser puramente relacionales y que las dos personas de forma individual no tengan ningún trastorno psicológico o conflicto emocional. Pero también puede suceder a la inversa: que la relación de pareja se vea interferida por algún trastorno psicológico o de personalidad o conflicto emocional de alguno de sus miembros.

Si se observan problemas individuales será necesario abordarlos para que la relación de pareja deje de verse interferida por ellos. En cambio, si los problemas son puramente relacionales y si dicha relación cuenta con unos buenos cimientos (amor, amistad, compromiso, ilusión por construir y compartir un proyecto de vida, etc.) suele sorprender la rapidez en que la relación descarga las tensiones y evoluciona favorablemente. Simplemente con entrenar a las personas en técnicas de resolución de conflictos y mejorando las habilidades de comunicación puede cambiar de forma muy notable el estilo relacional.

Vicent Ribas Marí
Psicólogo. Máster en psicología clinica y de la salud. Máster en neurociencias

LA PSICOLOGÍA, HOY

Esta semana, hemos entrevistado a un experto para que nos introduzca en el apasionante mundo de la psicología. La sociedad actual está evolucionando a un ritmo desenfrenado, y esto conlleva que cada vez más existan alteraciones relacionadas con la esfera psicológica, emocional y conductual.
Vicent Ribas Marí es licenciado en psicología, máster en psicología clínica y de la salud, y máster en neurociencias. Actualmente, está preparando su tesis doctoral sobre adicciones. Amablemente, se ha ofrecido ha explicarnos los fundamentos de la psicología moderna, una ciencia que aún en la actualidad es una gran desconocida.
La psicología es “la ciencia que estudia el comportamiento humano”, según la definición clásica; pero a su vez “es una herramienta muy útil que hay que aprender a utilizar, y hacer servir”, según el sr. Vicent M.
Esta ciencia ha evolucionado mucho en las últimas décadas, y han existido cambios a la hora de interpretar y trabajar sobre la mente de las personas. En la actualidad, la tendencia que más se ha impuesto es la cognitivo-conductual. Esta no se centra en el origen de la alteración si no en los problemas que se manifiestan en la persona en el momento presente, y busca los mecanismos que la nutren y la mantienen. Pretende dar una solución a dichos mecanismos. Esta tendencia ofrece terapias más breves y es más práctica donde el paciente se integra más en su propio proceso de curación. La persona tiene que aprender a utilizar técnicas de control, y herramientas enseñadas por el psicólogo para que sea capaz de enfrentarse directamente a las situaciones que pueden ser las causantes del problema, del miedo y de la ansiedad. Huir, que es lo que suele hacerse solamente lleva a un empeoramiento del estado general. Trabajando sobre la conducta de la persona y sobre su aspecto psicológico y emocional se puede hacer frente al más oscuro abismo. La psicología cognitiva – conductual es el extremo opuesto del psicoanálisis (muy en desuso en la actualidad) que buscaba el origen del problema y sin grandes posibilidades de trabajar en las manifestaciones del momento presente; se necesitaban años para observar resultados con este método psicoanalítico. La sociedad de hoy vive deprisa, evoluciona rápidamente y las personas están acostumbradas a este ritmo. La velocidad de la vida ha aumentado y esto se refleja en todos los aspectos de la vida. Incluso en los procesos de curación las personas quieren rapidez, aunque hay que tener en cuenta que no se puede pretender que un problema acontecido hace décadas se solucione en un fin de semana.
Una gran confusión que existe actualidad es la de diferenciar el psiquiatra del psicólogo, o la ciencia psiquiátrica de la ciencia psicológica. Se podría resumir, según el experto, en que la psiquiatría intenta abarcar el problema con un tratamiento farmacológico; mientras que la psicología intenta que el individuo aprenda a solucionar los problemas por sí mismo, es decir, dar las herramientas necesarias para que sepa enfrentarse a la problemática que le distorsiona o le atormenta.
Son muchas las personas que acuden a la consulta del psicólogo, cada día más. Las edades comprendidas van desde la niñez a la tercera edad y las problemáticas son muy variadas: fobias, estrés, dificultad de aprendizaje, problemas de comunicación, desadaptación social, trastornos del sueño, trastornos alimentarios, alteraciones de comportamiento infantil, conductas impulsivas (drogodependencia, ludopatía, agresividad,...), depresión, etc... Es muy frecuente que psicólogo y psiquiatra trabajen en colaboración.
Según Vicent R., es muy importante la “psicoeducación” que significa comprender como funcionamos a nivel mental, emocional y conductual. Esto ayuda a que las personas se motiven para encontrar la solución a sus dificultades. Un problema muy común es la baja autoestima y un autoconcepto muy pobre de uno mismo. Esto incapacita a las personas para enfrentarse a situaciones cotidianas o excepcionales, a tomar decisiones e iniciativas, dando la sensación de no tener control sobre sí mismos y sobre la vida. Parece ser, que esto tiene un trasfondo cultural muy influenciado por la religión, la educación estricta y una baja autoestima de base. El ser humano está muy acostumbrado a castigarse cuando hace algo mal, por el contrario no está habituado a premiarse cuando hace algo bien. La balanza se decanta hacia el autocastigo provocando un halo negativista que puede desembocar en muy diversos aspectos.
La psicología es una ciencia que nos puede ayudar mucho a ser más felices en la vida, a desatascarnos ante ciertos eventos de la vida y a permitirnos observar nuestra propia situación desde otra perspectiva. Como decía el filósofo” en ocasiones, un árbol no te deja ver el bosque”, y los seres humanos tenemos que ser suficientemente sinceros con nosotros mismos y valientes, para saber cuándo es el momento de pedir ayuda o consejo.

Art. 86/373 (15-06-2003) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido

LA ADOLESCENCIA

Podríamos decir que casi en el 100% de hogares aparecerán problemas de convivencia y relacionales cuando los hijos entren en la fase de la adolescencia. Se genera una situación donde los padres y los hijos ya no saben funcionar bajo unas normas de convivencia que podían haber sido adecuadas anteriormente.

La adolescencia supone un cambio evolutivo en todos los ámbitos de la vida del individuo: a nivel físico, fisiológico, sexual, psicológico, emocional y relacional. La persona se siente confundida porque el niño que había existido se está “esfumando” y tampoco se ha construido todavía una identidad adulta. Este hecho nos ayuda a ver que estamos hablando de factores circunstanciales, es decir, la persona no es así, sino que está así. Prácticamente todos los adolescentes son conflictivos en algún sentido pero, en general y en la mayoría de casos, todos estos conflictos son pasajeros y no se perpetúan en la vida adulta. La persona también puede sentir que por un lado le demandan responsabilidades de adulto y, por otro lado, le siguen imponiendo límites y normas como a un niño. Estos argumentos nos ayudan a adoptar una perspectiva de que hay que ayudar a la persona en este camino confuso y no que, en general, se comportan del modo que lo hacen porque así lo hayan decidido. La sobreprotección habitual en nuestra sociedad también ha provocado que este periodo se dilate durante mucho más tiempo.

Para ir construyendo la identidad adulta el individuo romperá las normas establecidas, renegará de su entorno familiar de origen para imponer sus propios deseos y se centrará en su grupo de semejantes para obtener nuevos referentes y nuevos modelos de conducta. Por eso se considera a la adolescencia como un periodo en la vida para probar formas de ser. Todo esto es lo que promociona las conductas típicas de los adolescentes: fluctuaciones anímicas muy intensas y actitudes oposicionistas (todo lo emocional se vive con cierto dramatismo), aumento de conductas de riesgo y experimentales, búsqueda de sensaciones, pensamiento radicalizado, conflicto de intereses al percibir el hecho de seguir bajo la tutela de sus padres como una gran injusticia, entre otros.

Desde la psicología se puede ayudar a las familias a que la posible situación conflictiva sea lo menos desgastante posible y se resuelvan los problemas surgidos, trabajando directamente con el adolescente para que aprenda a gestionar sus conflictos existenciales, asesorando a los padres para que sepan “leer entre líneas” lo que está sucediendo y puedan aplicar estrategias eficaces, y mejorando los aspectos relacionales y el estilo de comunicación, que suelen ser los factores que pueden amplificar y prolongar el malestar. Para tener éxito en todo ello, una base estable a nivel familiar y afectivo será imprescindible.

Vicent Ribas Marí
Psicólogo. Máster en psicología clinica y de la salud. Máster en neurociencias

LA DEPRESIÓN PRIMAVERAL VS EL DESÁNIMO PRIMAVERAL
LA PRIMAVERA A LAS PUERTAS

La primavera ya está a la vuelta de la esquina. Durante esta estación, las personas suelen manifestar un cierto “bajón” anímico y energético. Durante unas semanas, uno está más cansado de lo normal, le cuesta más realizar los quehaceres cotidianos, se produce una cierta apatía, surgen fluctuaciones en el estado anímico, etc… A todo esto, popularmente se le ha definido como “depresión primaveral”. Pero, ¿es correcta esta expresión? Para poder responder a esta pregunta hemos contado con la opinión del psicólogo Vicent Ribas Marí.
Según nuestro experto, “depresión primaveral” es una forma incorrecta de expresión y puede conllevar a ideas equivocadas sobre el tema. En primer lugar, no existen evidencias científicas de que por el mero hecho de ser primavera predisponga a un estado depresivo propiamente dicho. En segundo lugar, muchas personas confunden el estado de desánimo con el de depresión. El primero hace referencia a una situación más puntual mientras que el segundo hace referencia a algo más consolidado, más cronificado; generalmente cuando los síntomas duran más de cuatro semanas. Hasta ese tiempo se suele considerar algo temporal, aunque hay que tener en cuenta que en algunos casos este margen de tiempo puede aumentar algo. El señor Vicent Ribas remarca que en el caso del desánimo los síntomas son transitorios. La principal forma para diferenciar depresión y desánimo es realizando un diagnóstico temporal. En ocasiones, la persona que está desanimada puede llegar a aprender a funcionar bajo esos síntomas. Cuando se produce esta “adaptación” entonces es cuando existe el riesgo a que se cronifique. Cuando la persona entra en la depresión se produce un estado denominado anhedonia en la que ya no le da placer lo que antes si le producía, ya no siente satisfacción por esas cosas. Por ejemplo, si era una persona a quien le encantaba bailar, leer, ir al cine, montar a caballo, etc… en este estado no le apetece realizar dichas actividades ya que se sumerge en un estado de apatía física y mental. Llegados a este punto el tema se ha agravado y uno se siente emocionalmente mal…
Nuestro experto señala que: “… aunque seamos seres emocionales, estas mismas emociones pueden acarrearnos problemas. El cerebro es un órgano de análisis que recibe la información a través de los sentidos y de las propias sensaciones corporales. Pero estos sentidos pueden tener un filtro emocional que distorsione mucho la lectura y la posterior interpretación de ese entorno o situación. Las emociones siempre actúan de filtro. Por ello, hay que tener en cuenta que las emociones interfieren la capacidad de ver el entorno de forma más objetiva”. Los seres humanos presentan fluctuaciones en su estado de ánimo y esto es algo normal. No hay que interpretarlo como un problema a priori, a no ser que existan además otros ítems. Existe una mayor tendencia en el caso de las mujeres frente a los hombres donde la proporción hombre-mujer es de 1 a 4. Parece ser que el sistema hormonal femenino también es responsable de esta mayor susceptibilidad. Como conclusión, nuestro experto comenta que “hay que romper un poco el mito de la depresión primaveral. Sería más correcto hablar de ‘desánimo primaveral’. Una persona que esté desanimada o deprimida tiene que realizar actividades que puedan ser gratificantes, aunque no le apetezca hacerlo. Existen una serie de consejos que pueden hacer más llevaderos esos días y mejorar sustancialmente la salud psicológica y emocional. No hay que cambiar mucho de hábitos esenciales como pueden ser las comidas, el deporte que se practique, el dormir, o aquellas actividades que antes hacía asiduamente y que le hacían sentir bien. Esforzarse para ver diferentes perspectivas a una misma situación o problema. Salirse de la indiferencia emocional […] Es muy importante que si la persona no se ve capaz de salir, por sí sola, de un estado anímico semejante pida ayuda a un profesional, ya que este mismo estado emocional es el que dificulta mucho el poder resolver la situación”.

Art. 322/373 (09-03-2008) - Dominical, Mundo Natural (Diario de Ibiza), por Josep Colonques Garrido y Vicent Ribas

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